Por: Ruben Alfredo Reyes Avendaño, Psicólogo
Las dinámicas de las parejas son complejas y van cambiando con las épocas y por los cambios culturales. Vivimos tiempos de incertidumbre que conllevan retos para las relaciones y tenemos cambios en las concepciones que hombres y mujeres desarrollamos acerca de lo que es una buena relación de pareja.
He decidido escribir este artículo, motivado por un serie de Netflix que estoy viendo llamada «El Rehén» -para quienes conocen mis escritos, saben muy bien que me encanta escribir sobre series y películas por la forma como reflejan la sociedad- en la cual se presentan los retos personales y profesionales de dos supuestas altas mandatarias, una presidente de Francia y la otra primera ministra de Inglaterra, interactuando en todos los niveles de sus vidas durante la serie. En un principio me pareció una propuesta muy rara pero luego me interesé por las ramificaciones y por la imitación de la vida misma de cualquiera de mis pacientes, de mis personas cercanas y aún de las situaciones que he tenido que vivir yo mismo.
¿Qué cambios estamos enfrentando?
A lo mejor no son cambios perceptibles para cualquiera… El mundo gira y avanza vertiginosamente. Por favor veamos algunos cambios socio culturales de alto impacto sobre las parejas: en primer lugar, la mujer pasó de depender del marido, a formar parte de la fuerza laboral, y luego a ascender en la pirámide corporativa o como emprendedora hasta un nivel siempre más elevado, incluso por encima del nivel profesional de muchos hombres; en segundo lugar, se perdió la brújula social de la religión, que si bien era cuestionable en muchos aspectos dogmáticos, su ausencia dejó a las personas dispersas en un abanico mixto e interminable de posibilidades místicas, cada quien cree lo que quiere creer, -lo cual es justo y evolutivo-, pero tal vez sucede que lo que para algunos es ampliación del discernimiento, para no pocos es un abismo sin fondo de incoherencia, una vuelta al predominio del instinto y del egotismo (si, me oyen bien egotismo = culto al ego). No se debe juzgar a las personas por las creencias, al final cada quien se mide por la consecuencias de sus actos; como tercer hecho relevante, la actual incertidumbre económica global está presente en las vidas de las parejas, en un mundo caracterizado por el excesivo gasto y endeudamiento, alimentados por el excesivo consumo de personas, familias, empresas y países que ha derivado en una crisis de deuda global, con consecuencias imprevisibles; y por último, y tal vez la más impactante pero con menos medición de sus posibles derivaciones, en cuarto lugar (por ser sutiles aún) los avances tecnológicos y nuestra precaria adaptación a ellos y su impacto en nuestra sociedad, las familias y en nuestras vidas.
¿Qué es lo sano y no sano de todo esto?
Cuando el sano libre albedrío se transforma en situaciones de alta disfuncionaldad, entramos en el campo de la psicopatología, porque se desarrollan trastornos o rasgos de personalidad desadaptativos en diferentes niveles de complejidad, cuyo único punto en común es el sufrimiento emocional que sufren muchos individuos y que causan también sin quererlo a sus seres queridos más cercanos. Para diagnosticar un trastorno, de acuerdo con DSM V (manual de diagnóstico de trastornos mentales) se deben evidenciar un grupo de comportamientos problemáticos para el paciente y su entorno… a cargo de profesional competente… como si fuera poco, los posibles trastornos se entremezclan y su diagnóstico oportuno requiere de finura, conocimiento, experiencia y habilidad.
Muchas de las cosas que veo en mi consulta son situaciones inesperadas y las personas vienen al encuentro de un terapeuta, están en la búsqueda de una guía para todos estos cambios aún no calibrados y que nos afectan a cada uno de nosotros, de alguna u otra forma. y Estas creencias y filosofías de vida consecuencias de la interacción social y de los cambios culturales, favorecidos por las redes sociales, se propagan viralmente por los teléfonos de una forma asombrosa. Mi trabajo como psicólogo es ponerle una lupa científica a estas solicitudes para acompañar a las personas y aliviar su dolor, al tiempo que contribuyo a que confronten sus retos personales y avancen responsablemente hacia las vidas que quieren vivir.
En el caso de las relaciones de pareja, merecen una mención especial debido a que muchos de mis consultantes tienen sus vidas económicas y profesionales resueltas, se desenvuelven bien, son excelentes trabajadores, inmejorables miembros de sus familias, buenos ciudadanos… pero al momento de gestionar una vida en pareja… se rompen todos los paradigmas…
Acompáñenme entonces con algunas afirmaciones que he preparado para alertar sobre estos cambios «cuánticos» que están desafiando nuestras relaciones:
«Las parejas no son problemas a resolver»
Vienen a mi consulta personas pidiéndome «reparar» a sus parejas para que encajen en su modelo mental y en su diseño de perfección para lograr las propias felicidades idealizadas. ¿Cuál es el rol de una pareja? ¿Cómo se mide una buena relación de pareja? En primer lugar, las parejas establecen tal vez sin saberlo, desde que arrancan su relación una serie acuerdos explícitos e implícitos que se conforman como reglas de juego de la relación… Una vez que esta configuración se establece en el tiempo, es un reto muy grande poderla modificar…
Hablando en términos positivos, una pareja es compañía, no un proyecto de mejora continua. Podemos «reflejar» al otro oportunidades de cambio y viceversa, pero al ser esa otra persona es «un cofre del tesoro que se abre solo por dentro» no podemos declarar que con solo pedirlo o desarlo, el otro hará un cambio «mágico» que beneficiará a la relación. Esto quiere decir que no está en nuestro poder acceder fácilmente a cambiar por nuestra buena intención a la otra persona… o «mejorarla»…
En psicoterapia Gestalt abogamos por «hacernos responsables» de nuestra propia felicidad y cada uno de los miembros de la pareja ha de hacer lo posible por procurar el bienestar y la realización del otro dentro de unos acuerdos suficientes y satisfactorios para ambos que no coarten sus sueños ni libertades individuales en pro de la pareja. Podemos ayudar y dar herramientas como la psicoterapia, pero es importante interiorizar que el espacio de la pareja no es un «hospital de las almas». Cada quien encuentra los significados que mejor le resuenen en el proceso terapéutico y si aquel o aquella es buen alumno o alumna, apropiará voluntariamente las lecciones necesarias de su relación. Cuando el otro se me convierte un problema a resolver se pierde la magia del encuentro y se abre la puerta a la gestión de un problema, un objeto y no a la relación con un sujeto -nuestra pareja- y puede que por el camino se pierda el objetivo inicial, amar y ser amados.
En ocasiones no se pueden alcanzar acuerdos, las visiones personales son muy dispares y defensivas y las dos personas se pierden, lo vemos muchas más veces de las que deseamos, de la oportunidad de jugar en equipo y no como adversarios que quieren ganar. en lugar de socios que buscan construir.
«La pareja es un espacio voluntario»
«Doctor yo quiero que con esta terapia él o ella…. deje de beber, deje de ver a otra persona, deje de decir mentiras, haga algo con su vida, etc.» Bueno, es posible que con tan buenos deseos y con un gran terapeuta, se den cambios muy grandes en ambas partes, es posible que se de un crecimiento, un salto cuántico, pero no es resultado garantizado. La psicoterapia de pareja puede ayudar a la comunicación, al autoconocimiento, a clarificar objetivos, pero no puede resolver todo «lo que al otro le falta». De golpe sea una cuestión de buscar ayuda a tiempo y no cuando el agotamiento ha copado todos los espacios y el alejamiento se antoja como una liberacón final.
«El rol del proveedor en la pareja»
Esta dinámica bastante compleja que escucho tanto como de hombres como de mujeres, en mi práctica privada, es algo que está tomando mucha relevancia porque nunca había visto machismo o feminismo exacerbados o intercambiados, muchas versiones mixtas de la solución ideal a los problemas de la pareja, según quien sea el que pone más dinero en casa, o valore más el aporte económico realizado a la pareja o no comprenda su rol económico y social y para lo cual espera una respuesta ideal de su compañero o compañera.
Esta dinámica que he denominado de «el rol del proveedor en la pareja» tiene básicamente dos puntas: una de las puntas es el señor o la señora que tiene mayor poder adquisitivo de su pareja y requiere «alinear» al otro con sus requerimientos basados en su poder financiero, con el convencimiento de que al ejercer un fuerte apoyo económico debe tener la última palabra en la relación o está exento o exenta de modificar su comportamiento en la amplitud y profundidad de las solicitudes que demande la otra persona»; la otra punta es la de las personas que demandan del hombre o de la compañera «ser proveedores» para cumplir los requisitos de una verdadera pareja. En esto hay mil variantes pero me permito aclarar, que a la dimensión económica de las personas está profundamente ligada muchas variables, de tipo personalidad, formación, proyecto de vida, valores, traumas y malas experiencias, momento de vida o de la economía, etc. Modificar estos aspectos de cuánto y cómo gana dinero el otro miembro de la pareja «que no aporta lo suficiente» requiere un trabajo individual y no de pareja, en todos los casos voluntario y con el propio sentido de urgencia de cada cual. En este punto me pregunto, ¿al conocer cada quién en los momentos preliminares de la seducción a su pareja, e incluso en los primeros años de relación, estos aspectos relacionados con el trabajo y el poder adquisitivo, no estaban ya presentes? Seguramente la respuesta es afirmativa. Seguramente ya eran de conocimiento de ambas partes y fue en algún lugar de la relación donde probablemente se asumió que la otra persona veía los temas financieros, exactamente como uno los ve -o por lo menos muy cerca de como las personas deben verlo, según el propio marco mental de cada quien-. Uno de los temas de conversación más difíciles sino el más duro, no es el del sexo, sino el de las finanzas personales.
«Las parejas son problemas a resolver» y la solución más facilista a este problema incómodo en la búsqueda del bienestar personal es tal vez abandonar la pareja… algunos de manera sutil, estando sin estar, abandonando emocionalmente al otro a su suerte, otros en cambio, harán dramas, acusaciones, ultimatums y cierres de antología para alejarse de ese otro ser «tóxico» y casi que «alienígena».
Afortunadamente si hay otras personas que toman perspectiva reflexionan sobre su contribución personal al problema y valorando profundamente al otro y en un gesto de humildad le apuestan por restar lo malo y reiniciar sus relaciones con gran valentía, acercándose a lo que Joan Barriga ha denominado «el buen amor en la pareja» y sobre lo cual ha escrito un elocuente libro. El buen amor también está presente cuando nos alejamos sin culpa y sin resentimientos, valorando lo aprendido y aceptando que para esta ocasión, no fuimos aceptablemente compatibles con nuestras parejas.